Poema  San Valentin


                                                      

La pasión solo estaba dormida


Era verano, y los niños estaban ya en el campamento. Iba a ser el primer fin de semana que estarían solos desde hacía tiempo. Ese viernes, Iria salió antes del trabajo y decidió preparar una cena romántica. «Hasta las ocho que llega John, tengo tiempo suficiente», pensó.

Por el camino a casa, se paró en el supermercado, compró comida y una botella de vino tinto de la marca que a John le gustaba. Al llegar, se sentó en el sofá y gozó del silencio que reinaba hasta que el sonido del teléfono lo interrumpió: Ring, ring.

-¿Dígame? -dijo un poco fastidiada, ya que rompió la armonía del instante que estaba disfrutando.

-Cariño, hoy saldré sobre las siete y como estamos solos, ¿qué te parece si reservo mesa y nos vamos a cenar al restaurante? -La propuesta la cogió de sorpresa y respondió-: Estoy un poco cansada, ¿te importa que cenemos tranquilos en casa?

-De acuerdo -dijo John-, llego en hora y media.

Y colgó.

Iria, se puso el delantal, hizo la cena, preparó la mesa con unas velas, y se vistió tan elegante como si fuesen a cenar fuera de casa, y se roció con el perfume que a John tanto le encantaba.

Cuando escuchó Iria el sonido del coche de John, apagó las luces, encendió las velas y preparó las copas de vino. Al entrar, Iria le ofreció una copa, este bebió un sorbo y la dejó en la mesa. La miró y cogiéndola por la cintura la atrajo hacia él, y la besó apasionadamente. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Iria, despertando la pasión que había permanecido dormida.

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